sábado, 10 de mayo de 2014

Dragonfly's lionheart

Te miré a los ojos y aquello no parecía un par de ojos. Dos libélulas partieron de ellos y volvieron hasta mis ojos con una historia que contar. Miré entonces a mis manos, y mis manos estaban sucias, y entre ellas estaban las tuyas. Tus huesos se encontraban allí con los míos, resonaban y era divertido. Chocaban y me estremecías casi sin querer. Se me iban los dedos y los ojos, dejé de ver la suciedad en mis manos y preferí buscar a las libélulas que aún revoloteaban nerviosas. Las agujas del reloj comenzaron sin pensar una carrera de relevo. El tiempo huía como si temiera ser descubierto. Corría con pánico, y entonces un parón. Descansaba cuando me asomaba a tu mar. Dejaba de respirar cada vez que esto ocurría. Era un trance raro y adictivo. Y cuando dejaba de mirar en tu mar, el tiempo volvía a huir como un loco; como yo de tu mar.
No lo voy a negar. No lo puedo negar. No negaré que hoy te temo. Hoy debo huir. Hoy disfrazaré el corazón de león con la sonrisa de una hiena.
Mis manos ya están sucias y llevo en mis ojos tus libélulas azules.



jueves, 10 de abril de 2014

Delantera mítica

Más de un año y un café después, puedo dejarlo marchar. Más de un año y un café después, se confirma. Fuimos una delantera mítica y, por suerte, él tenía razón:
"Si no perdemos la fe, cuando miremos atrás veremos que, aunque fue una medicina horrible, el paciente la necesitaba".




lunes, 7 de abril de 2014

Papel secante

(Como te atrevas a decir que estás de mono, te machaco).

Está subiendo y cada vez quieres más. Se apodera de tus sentidos en un tiempo récord. Te recorre de una punta a otra. Aspiras fuerte, dejas caer la cabeza, te saluda el cielo. Y ahí está, en tus pupilas. Y aquí llega con total certeza. Te sacude aunque seas de piedra. Te atraviesa y dejas de pensar por qué estás ahí. Notas la fuerza, como un huracán, y te bebes hasta la luna. Y es que a estas alturas poco importa ser poeta o ser basura.
La marea ya ha subido, el sol se ha derramado, ha hecho cenizas a las estrellas que caen de tus manos. Cosía tu cabello a lo más alto de las montañas y desde allí resurgía a golpes, desde allí te hizo amiga de la muerte, y desde allí escupió tu insípida sonrisa bocabajo. Reservaste para entonces tu derecho para reírte de Dios, un patético sin-cara que desquicia el tiempo de un maldito mundo entero solo por tener más vidas que un gato. Y casi lo alcanzas, casi-gato, casi-Dios. Resucitas al tercer día...en un manicomio.






martes, 1 de abril de 2014

Enferma

Enferma, sé que voy a dejarme caer. Sé que subiré de nuevo, y que de nuevo miraré hacia abajo desde lo más alto. No sabré después adónde mirar, y siempre seguirá pareciendo que no me ves. Y sin embargo, yo seguiré viéndote dormir, y caerá sobre mí todo el peso necesario, y hasta que mis huesos no se quiebren, jamás podré dejar de hacerlo. Hasta que no vea a alguien que ya no reconozco, no podré dejar de pensarte. Hasta que no me pudra, me parta en dos y se abra mi pecho, no podré quitarte los ojos de encima. Hasta que el tiempo no se canse, no podré borrarte, pero tampoco encontrarte. Como un espantapájaros, permanecerás anclado en mitad de mi cabeza, ahuyentando cada mínima posibilidad para extenderme un poco más alto, más libre. Mis dedos se van disolviendo y desaparecen, y le siguen mis manos, muñecas, brazos...
Extraño a un desconocido que nunca llega. Extraño a una sombra que no conozco. A un fantasma que no existe. A una creencia, una hipótesis, un sueño, un deseo. Extraño esquinas que construyo en mi cabeza. Recovecos oscuros y arrugas en mis sábanas. Extraño dar los buenos días, las buenas tardes, las buenas noches. Extraño las noches reversibles. Extraño al tiempo que se ha ido y al que no llega aún. Extraño poder recordar cómo era reír hasta no poder más, reír hasta doler.
Es extraño sentirse así y no sentirse fuera de lugar...



jueves, 27 de marzo de 2014

Callejón

Ojalá deje de jugar algún día. Que encuentre una salida, y deje de existir, de hacerme más mal que bien. Ojalá que deje de preguntarme todos los días, de buscar un cielo en tu mirada. Ojalá consiga dormir sin desvelarme entre tus pestañas. Que consiga apagar las luces, que reduzca a cenizas esa habitación, que aquella música torne en ruido amargo, que no quede agua que beber. Ojalá no quede demasiado por vivir aquí. Que deje de hablar con las nubes, como si pudieran ayudarme de alguna forma. Que deje de perseguir sombras con los ojos, de romper con el sol todos los días.
"Demasiado fácil entrar", pienso mientras me pregunto cómo voy a salir.

domingo, 16 de marzo de 2014

Grita la piel

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan para que no las puedas convertir en cristal. Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo. Ojalá que la luna pueda salir sin ti. Ojalá que la tierra no te bese los pasos. Ojalá que la aurora no de gritos que caigan en mi espalda. Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz. Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado. Ojalá que el deseo se vaya tras de ti a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve. Ojalá por lo menos que me lleve la muerte para no verte tanto, para no verte siempre, en todos los segundos, en todas las visiones.

Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones...

lunes, 3 de marzo de 2014

Todo lo profundo ama la máscara

El cuerpo gana otra vez, y nadie esconde deseos más allá de la piel. Pero intentas dibujar tu cuerpo, y surcas veredas con témperas, y crees que así flotarás y apenas te romperán sus manos aunque apenas lleguen a rozarte. Crees que podrías ser real, que podrías arriesgar y entrar, que quien no arriesga no gana. Pero tu pelo se enreda entre los matorrales y tu ropa es desgarrada, y nadie acude, ya no hay nadie que mate monstruos por ti. Y nadie acude. De nada sirvió dibujar tu piel. De nada sirvió creer. De nada sirves hoy, porque hoy eres demasiado vulnerable.

Y nadie acude...